Jun 29 2009

Del coche bomba a la moto explosiva

Publicado por admin a las 7:48 am en Islamico

Los habitantes de Ciudad Sadr dicen que han fregado la calle hasta en 10 ocasiones. Pero no consiguen arrancar el “olor a muerte”, en palabras de Wissam Galib. De hecho, todavía se puede ver jirones de ropa de las víctimas colgados del tendido eléctrico.

Wissam y el resto de los residentes de este ingente suburbio pensaban que la era del horror había finalizado. Estaban equivocados. Lo descubrieron el jueves a las 6:45 de la tarde. El joven iraquí salvó la vida gracias a los muros de cemento que protegen parte del mercado de Maraidi. Estaba detrás de uno justo cuando se produjo la deflagración. Al asomarse se vio inmerso en el mismo espanto que se ha prodigado de forma recurrente en la capital iraquí desde el 2003. Cuerpos carbonizados, mutilados. Heridos reventados por la metralla que tuvieron que ser trasladados en las carretillas de madera donde se transporta el pescado. “Había tantos trozos de carne quemada que hubo que recogerlos en mantas. Todavía hay seis personas que no han podido ser identificadas”, explica el comerciante iraquí.

El atentado de Ciudad Sadr dejó al menos 78 muertos. Parte de una lúgubre estadística que parecía haber quedado en desuso. La oleada de explosiones que está sacudiendo al país en vísperas de la retirada este martes de las tropas norteamericanas de las ciudades iraquíes ha dejado ya más de 250 muertos.

Sin embargo, el primer ministro iraquí, Nuri al Maliki, pretende otorgar un sentido casi épico a la fecha. Ha estableciendo un paralelismo con la revuelta que lanzaron las tribus locales contra las tropas de ocupación británicas en 1920, una gesta venerada en este país. La televisión iraquí no cesa de emitir grabaciones propagandísticas. Imágenes de soldados desfilando o gritando de júbilo bajo acordes empalagosos. Hoy y mañana las autoridades planean todo tipo de festejos incluido un concierto multitudinario.

Una ‘gran victoria’

“La retirada será una gran victoria para la nación”, señaló Maliki el pasado día 20.

Dentro de esta misma gesticulación, el gobierno ha decidido eliminar una gran cantidad de los muros de cementos que se habían erigido en la imagen más recurrente de una capital sumida en la guerra civil. La retirada de parte de estas barreras contra atentados ha permitido reabrir la circulación a través de la llamada Zona Verde y agilizar el tráfico en el centro de la capital.

“Necesitamos una revolución. Teníamos que tomar esta audaz decisión, porque (los muros) aislaban a barrios enteros”, declaró el alcalde de Bagdad, Saber al-Issawi. “Queremos que Bagdad florezca e impresione a sus visitantes como corresponde a su historia”, le secundó el portavoz de la misma municipalidad, Hakim Abdul Zahra.

Pero la catástrofe que generó la invasión del 2003 ha creado un círculo vicioso. Los iraquíes se encuentran atrapados entre el deseo generalizado de cerrar una era fatídica para el país y las dudas que albergan sobre las capacidades reales de las fuerzas leales a Maliki.

A Mohamed Jabbar Yassem no le cabe duda alguna de que las últimas explosiones están propiciadas por el repliegue norteamericano. El humilde vendedor callejero hablaba a duras penas desde la cama del hospital de Al Kindi. La explosión le hirió en brazos y piernas. Las esquirlas le han dejado el rostro repleto de cicatrices. En una cama cercana descansa su hijo. El estallido le arrancó una pierna.

Como en Ciudad Sadr, en el mercado de Nadha los autores de este atentado recurrieron también a la ‘moto-bomba’. Parece que esta es la nueva táctica de los que promueven el terror irracional. El sábado hicieron explotar otro de estos vehículos matando a un viandante.

¿Qué va a pasar a partir del día 30?

Cada viernes el área de Nadha se transforma en uno de los mercados más concurridos de motocicletas y bicicletas del centro de Bagdad. Quizás fuera una simple coincidencia, pero los responsables del ataque aparcaron los dos vehículos justo al lado de uno de los carteles instalados por el ayuntamiento donde se lee: ‘Paz para Bagdad’. La doble detonación dejó al menos 13 muertos.

Mohamed ya había escapado indemne a una acción similar en el mismo lugar en el 2007. Esta vez no tuvo tanta suerte. La onda expansiva lo arrojó a casi 10 metros de la acera donde se encontraba instalado. “Si ahora que todavía están los norteamericanos trabajando juntos con el ejército iraquí no pueden detener a los terroristas ¿qué va a pasar a partir del día 30?. Sólo nos queda rezar”, proclama el herido.

A su lado Hamsi Kadim, otra víctima del ataque, asiente con la cabeza. Tampoco esconde sus dudas. “Queremos que se vayan pero no se si el Ejército y la Policía pueden controlar el país. Ojalá que sí”, apunta.

En Nadha la simple presencia del periodista genera un debate popular sobre el repliegue norteamericano. Decenas de chavales divididos entre los que apoyan tal medida y los que expresan una enorme aprehensión. Uno realiza un expresivo gesto pasándose el dedo por la garganta para intentar explicar cuales son sus expectativas una vez que los estadounidenses abandonen la capital.

Para Sattar Dahil Abid “todo el mundo tiene miedo pero al mismo tiempo queremos que se vayan. No trajeron más que desgracias”.

Los soldados norteamericanos abandonaron Ciudad Sadr el pasado día 20. El arrabal que antaño ejercía como principal bastión de las milicias de Muktada al Sadr está ahora controlado por decenas de vehículos blindados del Ejército iraquí. Muchos de los emplazamientos que han erigido dentro del suburbio aparecen decorados con carteles con el rostro de Maliki y flores de plástico. Hasta la basura que siempre parecía dominar las avenidas –y que los activistas usaban para camuflar sus explosivos- ha desaparecido en gran parte.

Este fue el escenario repetido de las confrontaciones más sangrientas que registró la capital desde la ocupación del 2003. El máximo responsable militar estadounidense en el lugar, el general Daniel Bolger, estimó el mismo día de su partida que aquí habían perdido la vida 136 soldados norteamericanos y 184 iraquíes sólo desde el 2006.

Los acólitos de Sadr se cuentan entre los partidarios más acérrimos de la retirada de los estadounidenses a los que incluso achacan los últimos atentados. “La ocupación es la única responsable de estas explosiones, aunque el gobierno también está cometiendo errores. Están liberando a mucha gente de Al Qaeda”, precisa el jeque Mazen Al Saedi, uno de los jefes locales del movimiento ’sadarist’”.

“Pero calificar esta fecha de gran victoria es pura propaganda. Las tropas de EEUU siguen en el país y ellos siguen siendo los jefes“, sentencia.

Fuente: elmundo.es

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