Feb 13 2009
Uno de los terroristas de Bombay ayudó y envió dinero desde Catalunya
Barcelona apareció ayer de nuevo como foco de financiación del terrorismo islamista al revelar Pakistán el resultado de su investigación sobre los atentados de Bombay del pasado 26 de noviembre. Por primera vez, el ministro de Interior, Rehman Malik, admitió que aquella matanza – que se saldó con 179 muertos y más de dos centenares de heridos-fue “parcialmente” planificada en territorio pakistaní, tal como ya suponían los servicios de inteligencia occidentales. No obstante, el ministro se esforzó en resaltar las ramificaciones internacionales del complot, poniendo énfasis en Barcelona.
Según el ministro, un pakistaní residente en la capital catalana, Javed Iqbal, fue el responsable de registrar un dominio de internet, por 238 dólares, a través de una empresa de Houston (Estados Unidos). Dicha página web sirvió de foro para los implicados en el plan terrorista. Asimismo, Iqbal, siempre según el ministro pakistaní, adquirió sistemas de comunicaciones y efectuó otros pagos. Este individuo fue inducido a regresar a Pakistán (”no me pregunten cómo”, soltó el ministro), donde, tras ser arrestado, al parecer facilitó la captura de otros implicados. En su afán de diluir el carácter pakistaní de la conspiración, el ministro habló de tarjetas telefónicas austriacas, de un sitio internet ruso y de pagos efectuados en Italia.
No obstante, todos los encausados – nueve-son pakistaníes, de los cuales seis ya han sido arrestados. Pakistán ya ha advertido que no serán extraditados a India y que los juicios se desarrollarán en el país. Para ello ha cursado a India treinta peticiones de pruebas – conversaciones interceptadas o el ADN del único terrorista capturado en Bombay, Amir Kasab-.India responderá hoy formalmente al informe pakistaní, aliviada pero frustrada porque no reconoce – como era previsible-la complicidad de elementos enquistados en la inteligencia y el ejército pakistaníes. Los nueve terroristas muertos siguen en una morgue de Bombay, puesto que Pakistán no los ha reconocido hasta ahora como nacionales y los musulmanes indios se han negado a darles sepultura.
La presunta conexión barcelonesa con el atentado de Bombay desvelada en Pakistán no ha sorprendido en absoluto a la lucha antiterrorista española, convencida de que la mayoría de las células islamistas desactivadas en Catalunya se dedicaban a la financiación del terrorismo global. Aunque este convencimiento policial no siempre quede reflejado por sentencia judicial, altos cargos de la lucha antiterrorista consultados ayer subrayaron a La Vanguardia que los investigadores españoles no tienen ninguna duda de la vinculación entre los yihadistas pakistaníes detectados principalmente en Catalunya y grupos extremistas radicados en Pakistán. Las mismas fuentes afirmaron que la colaboración policial y judicial con Pakistán es muy deficiente, lo que impide culminar adecuadamente muchas investigaciones.
El 30% de los terroristas islámicos encarcelados en España han sido detenidos en territorio catalán, de tal suerte que Catalunya se presenta como el foco principal de desarrollo del terrorismo yihadista de España y de Europa, según demuestra la fría estadística sobre el origen de los islamistas encarcelados por terrorismo en las prisiones españolas. De este modo, el territorio catalán se ha convertido en un centro de reclutamiento de yihadistas – calculan unos seis al mes-que se trasladan a Pakistán, Afganistán o Iraq para participar en su guerra suicida.
Entre el colectivo de activistas musulmanes investigado por la policía en España destacan los pakistaníes. En septiembre de 2004 la policía autonómica catalana desarticuló en Barcelona una célula pakistaní que, supusieron, extorsionaba a sus compatriotas para financiar a Al Qaeda. El dinero enviado por los arrestados había dejado pistas que llevaron directamente hasta la cúpula de Al Qaeda y hacia la financiación de los atentados de Kenia y Tanzania de 1998, que se saldaron con más de 250 muertos. Sin embargo, sucedió que el principal receptor de los fondos murió en un tiroteo en Pakistán once días después de las detenciones, perdiéndose con él un potencial testigo de cargo.
Fuentes de aquel caso han confirmado a La Vanguardia que la investigación también evidenciaba que dinero remitido desde Barcelona a Pakistán fue a parar a manos de los supuestos autores del asesinato en Karachi, en 2002, del periodista del Wall Street Journal Daniel Pearl.
En enero del año pasado, un grupo de 14 pakistaníes presuntamente terroristas fue desarticulado en el barrio barcelonés del Raval. Según el Centro nacional de Inteligencia (CNI) y la Guardia Civil, los arrestados preparaban una serie de atentado en el metro barcelonés y la voladura de una mezquita catalana a la que suelen asistir los partidarios de la desaparecida Benazir Bhutto. Seis de los presuntos implicados en este asunto lograron huir. El grupo, según fuentes de la investigación, conectaría con el líder de Al Qaeda en Pakistán, Amir Baitula Mehsud.
La última detención de sospechosos en Barcelona se produjo el pasado 20 de enero. Seis pakistaníes con negocios en toda España fueron detenidos bajo la acusación formal de evadir al fisco español al menos 3,5 millones de euros, parte de los cuales habrían servido para financiar el terrorismo yihadista. Uno de los encausados era militante del PSC, lo que ha provocado el consiguiente escándalo mediático.
La investigación, bautizada operación Cheapest, apunta hoy a un caso de blanqueo de dinero que habría sido enviado a Pakistán. Los investigadores sospechan además que una parte del mismo sirvió para financiar el terrorismo internacional. Fuentes de este caso explicaron a La Vanguardia que la pista que apunta a la financiación terrorista con el dinero evadido es policialmente muy sólida, pero difícil de demostrar documentalmente sin una colaboración decidida de Pakistán.
No obstante, Pakistán está bajo una fuerte presión diplomática para investigar el terrorismo emanado de su territorio y evitar enfrentamientos con la vecina -y también potencia nuclear-India. El gobierno democrático de Pakistán se juega su credibilidad en un momento en que ha pedido a la ONU que investigue otro atentado: el que terminó con Benazir Bhutto y otras veinte personas.
Fuente: lavanguardia.es