Ago 18 2008
ETA reaparece con dos bombas en Benalmádena y Málaga que fuerzan a desalojar a 15.000 bañistas
ETA retomó ayer su campaña de verano con la colocación de tres bombas de escasa potencia en Málaga y Benalmádena. Las dos bombas que explotaron, que no provocaron víctimas y sólo causaron leves daños materiales, obligaron a desalojar a más de 15.000 bañistas de las playas de ambos municios y acarrearon retenciones kilométricas en las carreteras de la Costa del Sol.
Las fuerzas de seguridad aminoraron el daño al localizar y lograr desactivar en las primeras horas de la tarde la tercera bomba colocada por los terroristas, escondida en una mediana de la autovía que une Málaga con Torremolinos, a la altura del kilómetro 232 y muy próxima al lugar donde desemboca el río Guadalhorce, según confirmó el delegado del Gobierno en Andalucía, Juan José López.
Durante el rastreo del artefacto, la Guardia Civil tuvo que cortar al tráfico durante unas cuatro o cinco horas los seis kilómetros de carretera que une Torremolinos con el aeropuerto de Málaga y habilitar un acceso alternativo al aeródromo, que este fin de semana vive uno de los momentos de mayor actividad de todo el año.
Las dos bombas que estallaron el domingo por la tarde en la Costa del Sol son el sexto y séptimo artefacto de la siniestra campaña estival de la organización terrorista, iniciada hace un mes en Cantabria, donde hizo estallar el 20 de julio cuatro tarteras con entre tres y cinco kilos de explosivos cada una en dos puntos distintos de la playa de Laredo y en una playa y el campo de golf de Noja.
El quinto artefacto de la campaña terrorista de este año estalló el 29 de julio, hace 19 días, junto al paseo marítimo del barrio de La Carihuela de Torremolinos (Málaga), contiguo al puerto deportivo de Benalmádena, donde ayer explotó una de las bombas. Ninguna de las siete explosiones causó heridos.
Las explosiones terroristas se produjeron sólo 24 horas después de que la banda criminal enviase un comunicado al diario Gara en el que dejaba claro que en este momento “no hay atajos” y que no se plantea más estrategia que la violencia y los atentados. El comunicado, que sirvió para atribuirse todos los últimos atentados de ETA, no incluyó, sin embargo, la reivindicación del realizado el 29 de julio en Torremolinos.
ETA, que siempre busca amplificar la repercusión de sus acciones, especialmente cuando trata de enmascarar su debilidad, eligió para retornar a los atentados el puente de la Inmaculada, el momento álgido de las vacaciones, y las fechas en las que se registra el mayor número anual de desplazamientos a las playas.
Además, atentó en Málaga, ciudad con sus calles abarrotadas de gente para disfrutar de la Feria.
El operativo policial comenzó a las diez y media de la mañana, a esa hora un hombre que se identificó como miembro de ETA llamó a los bomberos de Málaga para alertarles de que entre las 11 y las 15 horas iban a estallar tres bombas en Málaga, Benalmádena y la autovía A-7.
Las fuerzas de seguridad, antes del mediodía, cortaron la citada carretera y otros accesos próximos, vaciaron y acordonaron la malagueña playa de Guadalmar -en la que se calcula que había unas 4.000 personas-, y desalojaron los comercios del puerto deportivo de Benalmádena, Puerto Marina, así como las playas próximas de Fuente de Salud, Malapesquera y El Saltillo, donde disfrutaban del día soleado unos 10.000 bañistas. Los rápidos desalojos evitaron que hubiese víctimas cuando se produjeron las explosiones.
Cerca de un aparcamiento
La primera bomba estalló sobre las 13 horas, bajo un montículo de arena que había en un solar pegado a la playa de Guadalmar y que sirve a los visitantes como aparcamiento. El artefacto, de escasa potencia, estalló a unos 70 metros de un hotel de la cadena Tryp y levantó una visible chimenea de humo blanco. Dos horas después, pasadas las tres de la tarde, estalló el segundo artefacto en Puerto Marina. La bomba estaba colocada bajo una arqueta, muy próxima al aparcamiento subterráneo de las instalaciones, una zona franqueada por dos discotecas.
ETA desarrolla la autodenominada campaña de verano desde 1979, cuando inauguró esta fórmula criminal destinada a dañar a España en una de sus fuentes de ingresos fundamentales, el turismo, con la colocación de una primera bomba aquel año en Benidorm. En estos 29 años, los terroristas han asesinado a seis personas y han causado decenas de heridos con sus atentados estivales.
La banda terrorista no llevaba su campaña de verano a Andalucía desde hacía seis años. En 2002, hizo estallar dos potentes bombas en Fuengirola y Marbella, que provocaron ocho heridos.
Un año antes, detonó en el aparcamiento del aeropuerto malagueño otro coche bomba con 50 kilos de explosivo que destruyó buena parte de las instalaciones.
Fuente: lasprovincias.es
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